lunes, junio 27, 2005

En el último trago

En las calles más frías y más húmedas
En los huecos más oscuros y sombríos
En la punta de los lápices más viejos
En los balcones más resquebrajados
En los precipicios más precipitados
En los brazos más solitarios
En los días más tristemente soleados
En las tardes más nubladas
En las noches más calladas
En los silencios más cortantes y reflexivos
En las paradas taciturnas de los colectivos
En las estaciones de trenes del olvido
En los deseos más egoístas y despiadados
En los sueños entre colchas sin abrigo
En las colas bulliciosas de los cines
En los ascensores más inestables
En las canciones más abismales
En la mesa más ruidosa de un bar
En los ¿por qué?, en los ¿cómo?, en los ¿cuándo?
En todas las malditas pequeñas cosas
En los sillones rotos, en las sillas cojas
En los parques y jardines más odiosamente bellos
En los ríos más salados y más profundos
En las lágrimas más impotentes y rencorosas
En los libros más polvorientos
En las cenas familiares
En los almuerzos individuales
En las más amargas vueltas del destino
En los rincones más eternos del reloj
En las luces más apagadas
En las búsquedas frenéticas con arribo a ninguna parte
En los días que pasan y los meses que no llegan
En las fotos del colegio
En los momentos
En los comentarios
En los tachones del azar
En los borrones de la suerte
En las encomiendas de la mente
En los sitios más aislados
En los consejos menos solicitados y más aborrecidos
En las envolturas de chocolate sin tu ropa
En las mañanas sin el desayuno de tu boca
En los futuros más resignados
En las pausas sin continuación
En el filo más oxidado de una carta
En los instantes más felices que la vida te aparta
En los fondos de botellas de whisky
En un último trago, por ti brindo.

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